El Wat Pho, detrás del Gran Palacio, es otro de los templos que no se puede dejar de ver en Bangkok.
Es espectacular hacerlo en combo: ir primero al Gran Palacio y después al Wat Pho caminando por una calle con uno de los tantos "mercados al paso", lleno de chucherías más para locales que para turistas (revistas, monedas y figuras de Buda hechas en madera que van a encontrar hasta en la sopa, puestitos de comida,unos pares de zapatos usados, unas nike usadas, más comida indescifrable, olores indeseados, etc., etc.).
Como siempre que llegamos a un templo, entramos y cambia la atmósfera. Todo es tranquilo, a pesar de la cantidad de gente, que igualmente es mucho menor a la que va al Gran Palacio. El famoso Buda recostado de 46 metros de largo y 15 metros de altura me recordó a un gran pájaro dorado enjaulado. El Templo que lo contiene es apenas más grande que él, solo hay espacio para caminar por un pasillo angosto a ambos lados, pero se pierde la perspectiva que se podría tener en un lugar más abierto. La figura de Buda es impresionante de todos modos, por su tamaño, su expresión y el dorado. Hay en el pasillo que da la espalda a Buda hay unas vasijas de hierro negras en la que la gente arroja monedas de una en una, lo cual genera un tintineo continuo de fondo que le agrega misticismo al lugar.
Justo al lado de este templo, con acceso directo desde ahí, hay una escuela de medicina tradicional y de masajes. No encontré dónde podíamos contratar el servicio de masajes (la guía decía que a muy buen precio allá mismo), pero sí nos cruzamos con varios monjes con pinta de estudiantes.
Otro Templo que se veía increíble desde el río era el Wat Arun o Templo del Amanecer. Tiene una torre (Prang) del período Khmer, parecido a lo que vi en fotos de los templos de Camboya. Quise llevar a mi tribu, pero los chicos se me negaron rotundamente; tenían sobredosis de templos.
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