martes, 22 de marzo de 2011

Llegada a Singapur

Llegar al lejano Sudeste Asiático fue como llegar a casa, porque apenas sacamos las valijas y miramos a través de las puertas de vidrio del sector Arribos, encontramos a  mi amiga Silvia,  haciendo abanicos con los brazos, con ese no sé qué tan argentino. Nos dio un abrazo de oso a cada uno de los cuatro. El acento porteño que no perdió ni una "eye", a pesar de los más de diez años fuera del país, me cayó como un bálsamo después de los dos vuelos largos.

Mi amiga no para, como siempre desde que la conozco. Ya a nuestra llegada, nos llevó a dar una vuelta por la ciudad y nos sorprendimos francamente con una ciudad más rica y moderna que cualquier ciudad europea, tan en movimiento como la misma Berlín, tan cuidada en sus aspectos ciudadanos como Estocolmo y tan diferente a todo lo que habíamos conocido hasta ese momento. Ella y su familia nos contaron más sobre Singapur, su gente, la economía y la cultura de lo que podríamos  haber aprendido como turistas quedándonos dos meses.

En Singapur hay mayoría de descendientes de chinos del Sur, pero también hay una importante parte de la población que es musulmana proveniente de Malasia y otra parte considerable de descendientes de la India, en su mayoría hindúes. También se notan, aunque en menor porcentaje, la creciente cantidad de occidentales, en su gran mayoría europeos, expatriados, que eligen a Singapur como su lugar en el mundo.
Dentro de este último grupo se ubica Silvia, casada con Olivier, un francés que vivió en Argentina y sabe hacer un rico asado (aunque sea a gas, jaja) y tres hijas divinas que, aunque nacieron en Singapur, son ciudadanas franco-argentinas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario