jueves, 24 de marzo de 2011

Más Singapur

El domingo que estuvimos en Singapur, nos tiramos panza arriba, básicamente. Necesitábamos descansar. El cambio horario es fatal: 11 horas menos que en Buenos Aires. Nos despertamos los cuatro, cada cual por su lado a las 4 y después a las 6 de la mañana los dos primeros días, hasta acomodarnos. Nos juntamos en el living de nuestros amigos mirando el cielo, la pileta que está en el medio de la casa y los geckos, lagartijas chiquitas que caminan por el techo, pero inofensivas.
Por la mañana los chicos jugaron con los monopatines en la calle -algo que en casa no hacen solos por seguridad- Gaelle, Manon y Anais se fueron a una de las muchas Reservas Naturales que hay en la ciudad con el grupo de scouts, Olivier salió a correr y Marce y yo charlamos con Silvia, largo y tendido.
A la tarde acompañé a Silvia a buscar a las chicas a la Reserva, que resultó ser tan linda- un gran lago, barcos de remo y mucho verde- que lamenté no haber ido más temprano a pasear por allá. Mientras esperábamos, nos encontramos con unas familias de monitos que se descolgaban de rama en rama y nos observaban como si nosotros fuéramos los monos. Silvia nos previno de no mirarlos a los ojos, porque podían volverse agresivos y justo al rato vimos como un hombre que estaba obnubilado enfocando su cámara a un mono se pegó un susto bárbaro cuando el mono casi le salta encima.
Marcelo fue a pasear por la ciudad en el auto descapotable de Olivier. Parecían los dos salidos de Miami Vice!. Esta es la primera ciudad que conozco en la que valdría la pena tener un descapotable: muy difícil que te roben y el clima es soleado todo el año!
A la noche fuimos a dar una vuelta por el centro. Fue inolvidable ver la ciudad super iluminada, la bahía, los rascacirlos iluminados, incluído el famoso Marina Bay Sands. Son tres edificios con un gran barco (sí, leyeron bien, un barco) que abarca los tres, coronándolos. En el barco hay casino y la pileta infinito más grande del mundo en una terraza.

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